La Historia está llena de decisiones que han marcado el futuro. La vida de cualquiera es una continua elección de caminos a seguir. La inmensa mayoria no suponen gran cosa pero muchas otras cuestan, incluso, vidas. Quizás son estas las más terribles para aquellos que tienen la responsabilidad de decidir.
En 1941 los británicos consiguieron, por fin, descifrar las claves de la máquina Enigma. Ese descubrimiento dejaba a la vista todas las comunicaciones del Ejército y de la Armada alemanas en plena guerra. Aquello fue, probablemente, una de las causas de la derrota del Eje. Pero a qué precio.
Los analistas aliados que trabajaban en Bletchley Park desentrañando los códigos secretos daban cuenta directamente al primer ministro de sus logros. Winston Churchill, consciente de la imperiosa necesidad de anticiparse a sus enemigos, daba todo tipo de facilidades y recursos.
Por fin llegó la noticia. Tras la captura por parte de la Royal Navy de dos máquinas encriptadoras, Enigma había sido descifrada. Churchil debió saltar de alegría y fumarse uno de sus puros para celebrarlo. Pero la emoción le dúró poco. El primer mensaje que se captó y se decodificó fue el que hacía referencia al siguiente ataque aéreo contra territorio británico. El objetivo sería un pueblo del este inglés. Lo lógico hubiera sido evacuar la localidad y poner a los aviones propios en defensiva. Pero el primer ministro sintió una punzada de dolor. Si hacía aquello los alemanes sabrían que sus comunicaciones habían sido rotas y cambiarían todo el sistema. Debía sacar provecho de su ventaja sin alertar al enemigo si quería ganar la guerra. Así que, siendo el único que había recibido la comunicación referente al ataque no ordenó nada. Tomó una decisión, dolorosa, pero crucial en el curso de la guerra.
Aquella noche Winston Churchill, probablemente, no pudo descansar. Estar en su residencia oficial tranquilamente mientras cientos de compatriotas suyos, hombres, mujeres y niños, morían bajo las bombas de la Lufwafe en un pequeño pueblo no debió ser un buen trago. Seguramente al día siguiente se enteró de las cifras de muertos y heridos. Y aquello, claro, debió repetirse en otras ocasiones. Pero jugando inteligentemente la baza que tenía en sus manos supo acabar con el enemigo. Muchos británicos no vivieron para verlo. Algunos tuvieron que morir. Pero ciertos puestos exigen que aquellas personas que los ocupan sean de una pasta muy especial. Es una lástima que queden tan pocos Winston Churchill.
| Imprimir
19. Abril 2009 en 22:19
Un topo se infiltra en la estructura de ETA, con la misión de desactivár la cúpula (qué más da cual, la última). Se entera de que se va a cometer un atentado, pero no puede largar, por temos a ser descubierto y dar al traste con la operación. Se lo comenta a su enlace, y este lo hace llegar a Rubalcaba que, tras meditarlo, se lo comunica al Presidente.
Zapatero toma la jodida decisión de no parar el atentado, y seguir adelante con la misión. La cúpula de ETA cae, justo después de matar de un tiro en la nuca a su última víctima.
Tres meses después, entrega las armas el último terrorista.
Años despues, en un blog, a Zapatero le llaman amigo de los terroristas.
21. Abril 2009 en 15:51
Que comentario más simple…¿cuando han entregado las armas los terroristas?…igual es que no nos hemos enterado.
El artículo esta muy bien, ya podrían tomar nota Zapatero y sus ministros, con la que esta cayendo y todo sigue igual, no se reforma el mercado laboral, ni la Seguridad Social,ni reformas estructurales, etc…claro que todo esto implica tomar decisiones impopulares.
24. Abril 2009 en 12:50
Lo que he hecho es un ejercicio literario de ficción, Granota, no periodístico. Léeme bien, anda.
Saludos